Svetlana Alexievich, la escritora bielorrusa que
escribe en ruso y ganó el Premio Nobel de Literatura en 2015 por su trabajo con
la historia oral, dijo que el libro que le resultó más fácil a la hora de
recoger informes era el de Chernobyl.
(Su título en inglés, según la traducción, es “Voces de Chernobyl“
o “Plegaria de Chernobyl”.) La razón, dijo, fue que ninguno de sus interlocutores,
las personas que vivían en el área afectada por el desastre, sabía cómo se
suponía que iban a relatar esa historia. Para sus otros libros, Alexievich
entrevistó a personas sobre su experiencia de la Segunda Guerra Mundial, la
guerra soviética en Afganistán y la disolución de la Unión Soviética. Para
todos estos otros eventos y períodos en la historia rusa, hubo narraciones
ampliamente adoptadas, hábitos de hablar que, según Alexievich, tenían una
forma de eclipsar la experiencia personal real y la memoria privada. Pero
cuando preguntó a los sobrevivientes acerca de Chernobyl, accedieron a sus
propias historias más fácilmente, porque la historia no había sido contada. Los
medios soviéticos difundieron muy poca información sobre el desastre. No había
libros ni películas ni canciones. Había un vacío.
El libro de Alexievich sobre Chernobyl se publicó en
ruso en 1997, más de diez años después de que explotara uno de los reactores de
la central eléctrica de Chernobyl, en lo que probablemente fue el peor
accidente nuclear de la historia. Uno de los hechos más notables sobre
Chernobyl es que el vacío narrativo había persistido durante tanto tiempo y, de
hecho, ha persistido desde entonces: el libro de Alexievich llegó a la fama,
tanto en Rusia como en Occidente, solo después de que ganara el Premio Nobel.
Ha habido historias en los medios de comunicación en Rusia y en el extranjero,
muchas de ellas sobre la extraña industria turística que surgió en la zona del
desastre; hubo un documental de la BBC y un extraño documental
estadounidense-ucraniano. Pero en el último año, dos libros, uno por un historiador
y otro por un
periodista, han tratado de contar la historia documental definitiva del
desastre. Finalmente, la serie de HBO “Chernobyl”, cuyo quinto y último
episodio se emitió hace dos lunes, cuenta una versión ficticia. Tratándose de
televisión –y una
televisión muy bien recibida en este asunto– es la serie, más que los
libros, lo que probablemente llenará el vacío donde debería estar la historia
de Chernobyl. Y esto no es bueno.











