socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 17 de junio de 2019

"chernobyl": ficciones y mentiras




Svetlana Alexievich, la escritora bielorrusa que escribe en ruso y ganó el Premio Nobel de Literatura en 2015 por su trabajo con la historia oral, dijo que el libro que le resultó más fácil a la hora de recoger informes era el de Chernobyl. (Su título en inglés, según la traducción, es “Voces de Chernobyl“ o “Plegaria de Chernobyl”.) La razón, dijo, fue que ninguno de sus interlocutores, las personas que vivían en el área afectada por el desastre, sabía cómo se suponía que iban a relatar esa historia. Para sus otros libros, Alexievich entrevistó a personas sobre su experiencia de la Segunda Guerra Mundial, la guerra soviética en Afganistán y la disolución de la Unión Soviética. Para todos estos otros eventos y períodos en la historia rusa, hubo narraciones ampliamente adoptadas, hábitos de hablar que, según Alexievich, tenían una forma de eclipsar la experiencia personal real y la memoria privada. Pero cuando preguntó a los sobrevivientes acerca de Chernobyl, accedieron a sus propias historias más fácilmente, porque la historia no había sido contada. Los medios soviéticos difundieron muy poca información sobre el desastre. No había libros ni películas ni canciones. Había un vacío.
El libro de Alexievich sobre Chernobyl se publicó en ruso en 1997, más de diez años después de que explotara uno de los reactores de la central eléctrica de Chernobyl, en lo que probablemente fue el peor accidente nuclear de la historia. Uno de los hechos más notables sobre Chernobyl es que el vacío narrativo había persistido durante tanto tiempo y, de hecho, ha persistido desde entonces: el libro de Alexievich llegó a la fama, tanto en Rusia como en Occidente, solo después de que ganara el Premio Nobel. Ha habido historias en los medios de comunicación en Rusia y en el extranjero, muchas de ellas sobre la extraña industria turística que surgió en la zona del desastre; hubo un documental de la BBC y un extraño documental estadounidense-ucraniano. Pero en el último año, dos libros, uno por un historiador y otro por un periodista, han tratado de contar la historia documental definitiva del desastre. Finalmente, la serie de HBO “Chernobyl”, cuyo quinto y último episodio se emitió hace dos lunes, cuenta una versión ficticia. Tratándose de televisión –y una televisión muy bien recibida en este asunto– es la serie, más que los libros, lo que probablemente llenará el vacío donde debería estar la historia de Chernobyl. Y esto no es bueno.

jueves, 30 de mayo de 2019

Los "hechos alternativos"

Peter Biskind | The Nation


2018 fue el año que vivimos en peligro, más de lo que creíamos. El cambio climático se abrió paso desde las páginas de opinión de la prensa estadounidense hasta la sección de noticias. Los polos se calentaron tan rápido que las capas de hielo que enfrían el planeta al reflejar los rayos del sol empezaron a derretirse, cambiando la velocidad de calentamiento a saturación. Los osos polares se convirtieron en una especie amenazada. La temperatura en Ouargla, Argelia, alcanzó los 51,2 grados, la lectura más alta y confiable jamás registrada. Japón se sofocó, mientras que Europa se congeló y luego se prendió fuego. Un mega tifón de 250 kilómetros por hora golpeó las Filipinas. En Estados Unidos, gran parte del norte de California se quemó, y huracanes de una fuerza sin precedentes barrieron ambas costas. Mientras tanto, las emisiones de gases de efecto invernadero del año pasado alcanzaron niveles récord, acelerándose como un “tren de carga desbocado”, según el Proyecto Global de Carbono. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU concluyó que será necesario un esfuerzo de una magnitud que no tiene “precedente histórico documentado” para evitar la escasez de alimentos, los incendios forestales, etcétera. ¿Se convertirán los humanos en una especie en peligro de extinción, como el dodo?
Ante la abrumadora evidencia de que nuestro planeta se está calentando rápidamente, nuestro brillante presidente rechazó el cambio climático como un engaño chino, planea retirarse de los Acuerdos Climáticos de París y, a finales de 2018, rechazó un informe emitido por 13 de sus propias agencias federales donde se concluye que los efectos del cambio climático probablemente reducirán el producto bruto nacional de los Estados Unidos en un 10 por ciento antes de que termine este siglo. En la mitad de ese tiempo, para 2050, los rendimientos de los cultivos habrán bajado a niveles que no se ven desde la década de 1980. Él simplemente dijo: “No lo creo”.
Tampoco, aparentemente, lo creen millones de estadounidenses. Apenas a mediados del año pasado, las encuestas de Gallup informaron que no más de un 3 por ciento tiene al medio ambiente en el nivel de “el problema más importante que enfrenta el país”. La buena noticia es que dos encuestas posteriores, realizadas después de que el clima de 2018 se revelara como algo que ya no será tan extraño, señalan que siete de cada 10 estadounidenses ahora creen que nuestro planeta se está calentando. Aún así, el 48 por ciento de los republicanos está de acuerdo con Trump, y la pregunta sigue siendo: ¿Por qué demoró tanto el resto del país en darse cuenta?

domingo, 5 de mayo de 2019

El capitalismo vigilante

Ilustración de Tim Robinson en The Nation.


Antes de que comenzaran su aguerrida y victoriosa huelga el año pasado, los maestros de Virginia Occidental se opusieron a que se introdujera en sus lugares de trabajo un programa de bienestar llamado Go365. El programa forzaba a los empleados a descargar una aplicación que supervisaría su salud y recompensaría con puntos el ejercicio y el buen comportamiento. Quienes no acumularan 3.000 puntos al final del año serían penalizados con una tarifa mensual de 25 dólares y aumentos que se descontarían del sueldo. Aunque la adhesión al programa era voluntaria antes de que comenzara la huelga (desde entonces fue eliminado), la indignación que produjo Go365 ayudó a que se iniciara la huelga. Como le dijo una maestra a The New York Times, “La gente sintió que era muy invasivo tener que descargar esa aplicación y verse obligado a entregar información confidencial”.
Al resistirse a Go365, los maestros de Virginia Occidental libraron dos batallas a la vez: lucharon en las trincheras de la austeridad del estado y en las líneas del frente de la vigilancia digital privada. La aplicación presagiaba muchas de las preocupantes tendencias que Shoshana Zuboff describe en su nuevo libro, La era del capitalismo vigilante, donde explica que las empresas de Silicon Valley buscan tecnologías portátiles y otros dispositivos inteligentes para obtener una visión cada vez más detallada de nuestra salud física y emocional. Go365 midió los pasos diarios de los maestros con la ayuda de un Fitbit; las camas Sleep Number miden las horas que estamos acostados y la calidad de nuestro descanso; una nueva compañía llamada Realeyes planea vigilar nuestras expresiones faciales mientras vemos anuncios, interpretando nuestras emociones en tiempo real.
Sin embargo, las empresas de Silicon Valley no solo quieren monitorear nuestro comportamiento, también planean moldearlo. Su influencia sobre nuestras acciones podría ser indirecta por ahora, efectuada a través de los premios y penalidades que Go365 gatilló contra los maestros. Al integrar estos dispositivos en nuestras vidas diarias, las compañías también establecen el escenario para una futura intervención más directa. Zuboff cita a un desarrollador de software que fantasea en voz alta acerca de la capacidad de la industria tecnológica para presionarnos y estimularnos a control remoto: “Podemos saber si no está en condiciones de manejar, y simplemente podemos apagar su auto. Le ordenamos a la TV que se apague y hacemos que duerma un poco, o ponemos la silla a vibrar porque no debería estar sentado tanto tiempo”.

miércoles, 17 de abril de 2019

maten al mensajero

La semana pasada el mundo conoció el rostro hirsuto y demacrado del australiano Julian Assange, fundador de WikiLeaks, después de siete años en la embajada ecuatoriana en Londres y de más de un año en el que el actual régimen del presidente de Ecuador, Lenin Moreno, le hiciera la vida imposible en la residencia, obligándolo a atender su salud por su propia cuenta, desatendiendo sus subsistencia y prohibiéndole que vuelva a publicar en el sitio WikiLeaks, a través del cual los argentinos nos enteramos de la íntima relación que periodistas, dirigentes políticos, judiciales y actuales funcionarios de la Nación mantienen con la embajada de Estados Unidos, entre otras cosas terribles que el gobierno más poderosos del mundo sembró en el orbe en los últimos años: guerras, golpes de estado, asesinatos, espionaje y operaciones de todo que tuvieron como resultado millones de muertos, pobreza creciente y una corrupción invisible e inconmensurable.
Lenin Moreno le retiró la ciudadanía ecuatoriana a Assange y agentes de Scotland Yard ingresaron a la embajada –es decir, a territorio extranjero– a detener a un periodista desgreñado, con el pelo y la barba crecida sobre un rostro abandonado a la desesperanza. Lo arrastraron al exterior, que pisaba por primera vez después de un año, y la luz del día le lastimaba los ojos.
“Dirigido por los quasi fascistas del Washington de Trump –escribió John Pilger en CounterPunch– y en liga con el Ecuador de Lenin Moreno –un mentiroso y un judas latinoamericano que intenta disfrazar su rancio régimen–, la élite británica abandonó su último mito imperial, ese que aludía a la equidad y la justicia”.

miércoles, 10 de abril de 2019

melancolía del futuro

Prólogo de Pablo Schanton a Los fantasmas de mi vida (Caja Negra), de Mark Fisher, en el que el autor retoma las ideas de su libro anterior y ahonda en la idea de reactivar la memoria histórica para escapar de la temporalidad detenida de la posmodernidad.

Existence, well, what does it matter?/ I exist on the best terms I can/
The past is now part of my future/ The present is well out of hand.
[La existencia, bueno, qué importa/ Existo en los mejores términos que puedo/
El pasado es ahora parte de mi futuro/ El presente está fuera de mi alcance.]
Joy Division, “Heart and Soul”, 1980
“Alguien, usted o yo, se adelanta y dice:
quisiera aprender a vivir por fin.”
Jacques Derrida, “Exordio”, en Espectros de Marx, 1995

Este libro sí es una nota suicida.
Empecemos por invertir el no de la advertencia con que el filósofo inglés Simon Critchley abre su Apuntes sobre el suicidio, de 2015. Ahora demos las explicaciones del caso. 
He leído muchos de los ensayos de Los fantasmas de mi vida siguiendo el ritmo con que Mark Fisher los iba publicando como entradas en su blog k-punk, durante la primera década de este siglo. Luego, corroboré su trascendencia reflexiva cuando se convirtieron en libro allá por 2014.
Ahora bien, pasaron cuatro años y el autor de aquellos raptos de lucidez desesperada está muerto. Se suicidó el 13 de enero de 2017, a los 48 años. Un acto extremo como el suicidio –justamente el “pasaje al acto”– impone otra lectura, más aún tratándose de estas páginas en primera persona. Por eso, cuando Caja Negra decidió traducir Ghosts of my Life, nos planteamos completar la edición con artículos que originalmente no incluía, y extraer los que habían quedado demasiado datados, ya que retrospectivamente el libro había cobrado otro sentido.
Quizá quienes conozcan a Fisher como el autor de Realismo capitalista. ¿No hay alternativa? se sorprendan ahora, no solo porque ha decidido ofrecer su propia versión de la crítica cultural que lo acerca al Simon Reynolds de Retromanía, sino también por no habernos ofrecido la “coherente alternativa” al capitalismo que esperábamos llegara en un programa. A fin de satisfacer esa expectativa, bastaría con descargar gratuitamente de Internet el panfleto Reclaim Modernity: Beyond Markets Beyond Machines, que escribió junto con Jeremy Gilbert en 2014; conseguir Inventar el futuro: postcapitalismo y un mundo sin trabajo (2015) de Nick Srnicek y Alex Williams (un libro que él auspició como “clara y apremiante visión de una sociedad postcapitalista”), además de esperar la publicación póstuma de su manifiesto inédito, el cual estaría relacionado con una formación social que había bautizado enigmáticamente “comunismo ácido”. Por ahora, aclaremos que, comparado con su libro previo, en Los fantasmas de mi vida prefirió ser inductivo antes que deductivo. Digamos que mientras el anterior mapeaba el diagnóstico sobre el realismo capitalista apoyándose en libros, películas y músicas que funcionan como ejemplos o ilustraciones sintomáticas (acomodándose entre el Žižek que lee a Lacan desde Hitchcock y el Jameson que lee geopolíticamente el cine), esta vez son sus fetiches culturales los que delinean el rumbo de la interpretación política. La diferencia es notoria: en esta oportunidad parece homenajear el formato de crítica musical y cinematográfica que tanto lo influyó en su adolescencia a comienzos de los años ochenta, cuando leía artículos y reseñas en el semanario New Musical Express, firmadas por Ian Penman o Mark Sinker, periodistas ingleses que lo instaron a investigar a Derrida o Barthes, simplemente porque los citaban en sus notas sobre bandas de rock. Será por eso que a la hora del análisis cultural, aquí se emparenta más con Greil Marcus que con Stuart Hall, aunque no faltan la argumentación y la elocuencia contundentes que convirtieron a Realismo capitalista en un nuevo clásico viral del neomarxismo.

jueves, 4 de abril de 2019

espectrología


17 de Junio 2011 | The Guardian

La espectrología (hauntology) es tal vez la tendencia más importante de la teoría crítica que floreció online. En octubre de 2006, Mark Fisher –también conocido como k-punk– lo describió como “lo más parecido que tenemos a un movimiento, a un zeitgeist” (espíritu de los tiempos). Apenas tres años después, Adam Harper presentó una pieza sobre el tema con la siguiente advertencia: “Soy muy consciente de que ya no es 2006, el año para bloguear sobre la espectrología”. Hace dos meses, James Bridle predijo que el concepto estaba “a unos seis meses de convertirse en el título de una columna en el suplemento de una revista dominical”. Sólo quedan cuatro meses, entonces. Mi corazonada es que la espectrología ya se está encantando a sí misma. El revival comienza aquí.
Al igual que su pariente cercana, la psicogeografía, la espectrología se originó en Francia pero tocó un acorde en este lado del Canal. En Espectros de Marx (1993), donde apareció por primera vez, Jacques Derrida argumentó que el marxismo perseguiría a la sociedad occidental desde más allá de la tumba. En el original francés, la “espectrología” (hantologie) suena casi idéntica a “ontología”, un concepto que embruja al reemplazar –en palabras de Colin Davis– “la prioridad del ser y la presencia con la figura del fantasma como aquello que no está presente, ni ausente, ni muerto ni vivo”.

Hoy en día, la espectrología inspira muchos campos de investigación, desde las artes visuales hasta la filosofía, la música electrónica, la política, la ficción y la crítica literaria. En su nivel más básico, se relaciona con la popularidad de la fotografía de imitación de época, espacios abandonados y series de televisión como Life on Mars. Mark Fisher –cuyos libros a puntos de publicarse Ghosts of My Life (Zer0 Books; hay traducción al español: Los fantasmas de mi vida) se centra principalmente en la espectrología como la manifestación de un “momento cultural” específico–, reconoce que “existe una dimensión espectrológica en muchos aspectos diferentes de la cultura; de hecho, en Moisés y la religión monoteísta, Freud prácticamente argumenta que la sociedad como tal se basa en una base espectrológica: “la voz del padre muerto”. Cuando uno piensa en ello, todas las formas de representación son fantasmales. Las obras de arte están encantadas, no solo por las formas ideales de las cuales son ejemplificaciones imperfectas, sino también por lo que escapa a la representación. Veamos, por ejemplo, el deseo de Borges de capturar en el versículo el “otro tigre, el que no está en el verso”. O Maurice Blanchot, quien ensaya lo que podría describirse como un asunción espectrológica de la literatura como “el tormento eterno de nuestro lenguaje, cuando su anhelo se vuelve hacia lo que siempre pierde”. Julian Wolfrey argumenta en Victorian Hauntings (2002) que “contar una historia siempre es invocar fantasmas, para abrir un espacio a través del cual otra cosa vuelve “de modo que” todas las historias son, más o menos, historias de fantasmas “y toda ficción es, más o menos, espectrológica. Las mejores novelas, según Gabriel Josipovici, comparten una “sensación de densidad de otros mundos sugerida, pero más allá de las palabras”. Para el lector o crítico, el misterio de la literatura es la opacidad, el resto irreducible, en el corazón de la escritura que nunca puede ser completamente interpretada. Toda la tradición literaria occidental en sí misma se basa en la noción de posteridad, que Paul Eluard describió como el “duro deseo de perdurar” a través de las obras de uno. Y luego, por supuesto, está la muerte del autor... Todo esto, como puede verse, podría durar bastante tiempo, así que tal vez deberíamos preguntarnos si el concepto no significa todas las cosas para todos los hombres y mujeres. Steen Christiansen, que está escribiendo un libro sobre el tema, explica que “la espectrología se desangra en los campos del posmodernismo, la metaficción y el retro-futurismo y que no existe una distinción clara, que iría en contra de la tensión a la que apunta la espectrología”.

Como reflejo del zeitgeist, la espectrología es, sobre todo, el producto de un tiempo que está seriamente “fuera del conjunto” (Hamlet es uno de los puntos de referencia cruciales de Derrida en los Espectros de Marx). Hay un sentido que prevalece entre los espectrologistas que señala que la cultura ha perdido su impulso y que todos estamos empantanados en el “fin de la historia”. Mientras tanto, las nuevas tecnologías están dislocando nociones más tradicionales de tiempo y lugar. Los teléfonos inteligentes, por ejemplo, nos alientan a nunca comprometernos completamente con el aquí y el ahora, fomentando una presencia-ausencia fantasmal. La hora de Internet (que está reemplazando cada vez más la hora del reloj) da como resultado un tipo de “no-tiempo” que va de la mano con los no lugares de Marc Augé. Tal vez aún más importante, la web ha provocado una “crisis de exceso de disponibilidad” que, en efecto, significa la “pérdida de la pérdida en sí misma”: nada más muere, todo “vuelve a YouTube o como una caja de discos retrospectiva” como un bucle (loop), el tiempo que se repite del trauma (Fisher). Esta es la razón por la cual la “retromanía” (reseña acá) ha alcanzado una álgida cima en los últimos años, como lo demuestra Simon Reynolds en su nuevo libro, una disección metódica de la “adicción de la cultura pop a su propio pasado”.

Sin embargo, la espectrología no es solo un síntoma de los tiempos: está en sí misma hechizada por una nostalgia de todos nuestros futuros perdidos. “Entonces, ¿qué significaría buscar los restos del futuro?”, pregunta Owen Hatherley al comienzo de Modernismo Militante: “¿Podemos, deberíamos, tratar de hacer una excavación en la utopía?” Puede que valga la pena darse una oportunidad.

martes, 26 de marzo de 2019

el precariado


A los 71 años, Guy Standing, profesor en la Universidad de Londres, nunca recibió en Estados Unidos el reconocimiento que se merece como académico y escritor. En parte se debe a que no se ha sido muy expresivo en las redes sociales. Además, no se publicitaron lo suficiente en los EEUU sus libros ni sus agudas ideas sobre lo que él llama “el precariado”, que define como una nueva clase social global a la que ve como la clave política y económica de un futuro que beneficiaríaa toda la humanidad. Los medios de comunicación prefirieron no difundir lo suficiente el trabajo de Standing, que fue relegado junto con el público.Algunos marxistas tradicionales incluso también se burlaron de sus palabras y conceptos.
El término “precariado” es tan nuevo y tan poco usado, al menos en los Estados Unidos, que cada vez que aparece en mi pantalla, la computadora lo subraya en rojo como diciéndome que no es una palabra real y que escribí mal eso. Aunque no lo hice.
De hecho, el libro de Standing con el que descolló, ThePrecariat, se publicó por primera vez en inglés en 2011, se tradujo a 23 idiomas en todo el mundo y disparó conversaciones sobre trabajo, salarios, alquileres e inseguridad económica mundial. Escuché por primera vez la palabra precariado y su prima, “precariedad” de dos hombres que viven y trabajan en el Área de la Bahía de San Francisco, donde mujeres, niños y hombres viven vidas que son cada vez más precarias económica, social y psicológicamente.

martes, 12 de marzo de 2019

espectrología

Copio la gacetilla del centro cultural Roberto Fontanarrosa.



Desde el 6 de marzo se encuentra abierta la inscripción a una nueva propuesta que hace eje en el PERIODISMO CULTURAL.

Se trata de Espectrología (Hauntology). Ciencia Ficción en un mundo sin futuro, curso que será coordinado por el periodista Pablo Makovsky.

Espectrología toma su nombre del ya clásico término acuñado por Jacques Derrida en los 90, leído por Mark Fisher, y hace referencia a un concepto que mezcla el embrujo y la ontología. El seminario no es sobre ciencia ficción, sino sobre las derivas de la ciencia ficción que nos permiten pensar una tarea dentro del periodismo cultural. Es decir, el periodismo que cuenta sus historias con los materiales con los que nuestros contemporáneos piensan la época.
El dictado (una clase teórico-práctica semanal) se realizará los jueves de abril (4, 11 y 25) y mayo (2, 9 y 16), desde las 19 horas. El curso propone cuatro puntos: ¿Narrar, interpretar o las dos cosas? Genealogías: en busca de la Matrix. Fake News: la ciencia es ficción. Cada loco con su tema: nuestras historias, nuestro fin de mundo. Destinado a público en general con interés en el periodismo y la redacción informativa que desee interrogarse e interrogar la matriz de su tarea.

Materiales:
Se entregarán materiales vía internet –a través de enlaces de descarga o a sitios para su lectura– como para establecer una base de referencias sobre las que conversar.

Pablo Makovsky
Nació en Paysandú en 1963. En 1975 se mudó con su familia a San Nicolás, provincia de Buenos Aires, y desde mediados de la década de 1980 vive en Rosario. Colabora como periodista cultural en diarios de Rosario, Buenos Aires y Montevideo. Publicó el libro de poemas, La vida afuera (EMR, Rosario 2000) y la crónica San Nicolás de la Frontera (EMR, 2010). Desde 2008 administra el blog Apóstrofe. Actualmente es uno de los editores de la revista cultural REA.

La inscripción es gratuita. Cupos limitados. Inscripción Online (desde el 6 de marzo hasta completar el cupo) en el sitio del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.

correo

Olvidé preguntarle cuál era el asunto del correo electrónico, para saber si lo había enviado yo o no.

martes, 26 de febrero de 2019

la primera víctima es la verdad

La cobertura de lo que ocurre en Venezuela nos devuelve a la edad de oro de las mentiras sobre América latina, los años de la presidencia y las guerras de Ronald Reagan, según este reportero estadounidense asentado en Caracas.

Mark Cook | Fair.org*


Estaba sentado en mi departamento en Caracas, leyendo la edición en línea de la revista Time, que traía un informe según el cual: “Medicamentos básicos como la aspirina no se encuentra en ninguna parte” (en Venezuela).
Caminé desde departamento hasta la farmacia más cercana, a cuatro cuadras de distancia, donde encontré un montón de aspirina, así como acetaminofén (Tylenol) e ibuprofeno, en una farmacia muy surtida con un personal profesional bien informado que despertaría la envidia de cualquier farmacia de Estados Unidos.
Unos días después de la historia de Time, la CNBC reclamó que no se encontraba acetaminofeno en ninguna parte: “Las cosas básicas como el Tylenol ni siquiera están disponibles”. Debe haber tomado por sorpresa a la Corporación Pfizer, ya que fue su filial venezolana, Pfizer Venezuela SA, la que produjo el acetaminofeno que compré. (Ni el escritor de Time, Ian Bremer, ni el comentarista de CNBC, Richard Washington estaban en Venezuela, y no se ofreció evidencia de que ninguno hubiera estado allí).
Compré los tres productos, más jarabe para la tos y otros medicamentos de venta libre, porque dudaba que alguien en los Estados Unidos me creyera si no podía enseñar los medicamentos en sus paquetes.

Implacable tambor de mentiras

De hecho, yo mismo no hubiera creído a nadie que hiciera tales afirmaciones sin poder presentar la prueba, tan intenso e implacable ha sido el tamborileo de las mentiras. Cuando la Orquesta Juvenil de Venezuela dio un concierto en Nueva York a principios de 2016, antes de mudarme a Caracas, pensé: “Vaya, espero que todos los miembros de la orquesta estén bien vestidos y bien alimentados”. Sí, ¡por supuesto que todos estaban bien vestidos y bien alimentados!

viernes, 8 de febrero de 2019

decadencia y caída del dólar


La corrupta e inepta presidencia de Donald Trump ha disparado sin darse cuenta el tiro de gracia al imperio estadounidense: la retirada del dólar como la principal moneda de reserva del mundo. Las naciones de todo el mundo, especialmente en Europa, dejaron de confiar en una actuación racional de Estados Unidos, y mucho menos en su capacidad de liderar en temas de finanzas internacionales, comercio, diplomacia y guerra. Estas naciones están desmantelando silenciosamente la alianza de siete décadas con los Estados Unidos y construyendo sistemas alternativos de comercio bilateral. Esta reconfiguración del sistema financiero mundial será fatal para el imperio estadounidense, como lo señalaron el historiador Alfred McCoy y el economista Michael Hudson. Disparará una espiral de muerte económica, que incluirá alta inflación, va a requerir una contracción militar masiva en el extranjero y hundirá a los Estados Unidos en una depresión prolongada. Trump, en lugar de volver a hacer grande a Estados Unidos, se ha convertido, sin saberlo, en el sepulturero más tenaz del imperio.

Imagen de Mr. Fish.

La administración Trump saboteó caprichosamente a las instituciones globales, incluida la Otan, la Unión Europea, las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el FMI, que proporcionan cobertura y legitimidad al imperialismo estadounidense y a la hegemonía económica mundial. El imperio estadounidense, como señala McCoy, siempre fue un híbrido de imperios pasados. Desarrolló, escribe, “una forma distintiva de gobierno global que incorporaba aspectos de imperios precedentes, antiguos y modernos. Este imperio único de los Estados Unidos era ateniense en su capacidad para forjar coaliciones entre aliados; romano en su dependencia de las legiones que ocupaban las bases militares en la mayor parte del mundo conocido, y británica en su aspiración de fusionar cultura, comercio y alianzas en un sistema integral que cubría el mundo”.

martes, 8 de enero de 2019

el futuro fascinante y temido de david bowie

Bajo el título "The Life Changing Power of Discovering David Bowie" ("El poder transformador de la vida de descubrir a David Bowie"), Tom Ewing publicó este artículo en Pitchfork que acá traducimos al cumplirse el próximo jueves tres años de la muerte de Bowie. Last but not least, el texto de Ewing nos llamó a su lectura porque el 16 de enero de 2016 Pablo Jubany publicó en La Capital un texto sobre Bowie que resumía de un modo magistral la experiencia de escuchar a Bowie en los 80 y de este lado del orbe.




Foto de Jimmy King, tomada de Pitchfork.

Me enamoré del pop en los tempranos 80, en Gran Bretaña, y David Bowie era el aire que respiraba y la tierra sobre la que caminaba. No fue la primera estrella en hacerme amar el pop, pero esa primera estrella que me hizo amar el pop fue sin duda hecha a su imagen. Y así fue el segundo. Y el tercero. Y el cuarto, quinto, sexto, y séptimo. Las portadas de las revistas de estilo y de pop de la época (The Face y Smash Hits) eran un desfile de sus imitadores, algunos magníficos, algunos cómicos. Adam Ant, Toyah, Visage, Ultravox, Spandau Ballet, Duran Duran. Ese era el pop británico, una bacanal de tiendas de disfraces con Bowie como ídolo y excusa.

jueves, 27 de diciembre de 2018

el panóptico neoliberal

El neoliberalismo, la ideología dominante del capital y las finanzas, libra una guerra por las ideas y el sentido común, en el que las relaciones sociales se reducen a un acto de comercio. “La democracia no puede funcionar si los ciudadanos no son autónomos, si no se juzgan a sí mismos, son curiosos, reflexivos e independientes”, sostiene Henry Giroux en esta entrevista (que no traduje entera) en CounterPunch, quien señala el vínculo entre fascismo y libre mercado. “Esta cultura de la auditoría lleva al analfabetismo cívico”, dice.


Henry A. Giroux (Providence, Rhode Island, EEUU, 1943) es un destacado académico en su país y Canadá, además de un reconocido crítico cultural y uno de los teóricos fundadores de la Pedagogía Crítica en Estados Unidos. En 2002, la más prestigiosa de las publicaciones de Humanidades, Routledge, nombró a Giroux como uno de los cincuenta pensadores de la educación más importantes del período moderno.
Conocido por sus trabajos pioneros en pedagogía de lo público, sus estudios culturales y de la juventud, y su teoría crítica, Giroux fue docente en las principales universidades estadounidenses, desde Boston a Penn State y publicó más de 60 libros que se tradujeron a varios idiomas. En español los más conocidos son Igualdad educativa y diferencia cultural (1992), Teoría y Resistencia en Educación. Una pedagogía para la oposición (1992), La escuela y la lucha por la ciudadanía (1993) y Pedagogía crítica, estudios culturales y democracia radical (2005), entre otros.
Esta entrevista con Giroux fue conducida por Mitja Sardoč, del Instituto de Investigación Educativa en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Ljubljana, Slovenia.
—Desde hace varias décadas, el neoliberalismo ha estado a la vanguardia de las discusiones no solo en economía y finanzas, también se ha infiltrado en nuestro vocabulario en varias áreas tan diversas como los estudios de gobernabilidad, criminología, salud, jurisprudencia, educación, etc. ¿Qué fue lo que disparó el uso y la aplicación de esta ideología “económica” asociada con la promoción de la eficacia y la eficiencia?
—El neoliberalismo se ha convertido en la ideología dominante de estos tiempos y se estableció como una característica central de la política. No solo se define a sí mismo como un sistema político y económico cuyo objetivo era consolidar el poder en manos de una élite corporativa y financiera, sino que también libra una guerra por las ideas. Se define a sí mismo como una forma de sentido común y funciona como un modo de pedagogía pública que produce un molde que estructura no solo los mercados, sino toda la vida social. En este sentido, ha funcionado y continúa funcionando no solo a través de la educación pública y superior para producir y distribuir valores basados en el mercado, identidades y modos de organización, sino también en aparatos y plataformas culturales más amplios para privatizar, desregular, economizar y someter todas las instituciones dominantes y las relaciones de la vida cotidiana con los dictados de la privatización, la eficiencia, la desregulación y la mercantilización.
Desde la década de 1970, a medida que más y más instituciones dominantes de la sociedad están bajo el control de la ideología neoliberal, sus nociones de sentido común –un individualismo descontrolado, una dura competencia, el ataque agresivo contra el estado del bienestar, la debilitación de los bienes públicos y su ataque a todos los modelos de sociabilidad que se opongan a los valores del mercado– se han convertido en la hegemonía reinante de las sociedades capitalistas. Lo que muchos en la izquierda no se han dado cuenta es que el neoliberalismo es algo más que estructuras económicas, también es una poderosa fuerza pedagógica, especialmente en la era de las redes sociales, que participa en el dominio de todo el espectro en cada nivel de la sociedad civil. Su alcance se extiende no solo a la educación, sino también a una variedad de plataformas digitales, así como en el ámbito más amplio de la cultura popular. Bajo los modos de gobierno neoliberal, independientemente de la institución, cada relación social se reduce a un acto de comercio. La promoción de la efectividad y la eficiencia del neoliberalismo da crédito a su capacidad de voluntad y éxito para hacer de la educación un lugar central en la política. También ofrece una advertencia a los progresistas, ya que Pierre Bourdieu insiste en que la izquierda ha subestimado las dimensiones simbólicas y pedagógicas de la lucha y no siempre ha forjado las armas apropiadas para luchar en este frente.


jueves, 20 de diciembre de 2018

el marxismo-pop de mark fisher


Pocos críticos vieron la leyenda en la pared como Mark Fisher. El escritor, el profesor y el teórico siempre supieron que el arte y la política no podían separarse. A partir de una colección diversa de discos de artistas como David Bowie, Joy Division y Drake, Fisher vio la música como una ventana a los efectos del capitalismo en la identidad, la economía y la política, y tenía la habilidad de convertir las ideas académicas en formas accesibles para entender el lugar del arte en la sociedad.

Como consecuencia de su trágica muerte el año pasado, la noticia de su pérdida se propagó rápidamente a través de las redes sociales, donde sus seguidores se esmeraron en poner palabras al poder de su trabajo; desde los humildes comienzos su querido blog, k-punk, hasta la influencia generalizada de sus libros, los escritos de Fisher se convirtieron en la zona cero de un tipo diferente de crítica cultural, uno de un entusiasmo tan insaciable para la cultura pop como indiscutiblemente cortante, urgente y radical.

A lo largo de tres libros, numerosas piezas de revistas y cientos de ensayos breves, Fisher estableció una visión del mundo vasta y totalizadora definida por sus pensamientos sobre el capitalismo, los medios y la posvida. En el nacimiento de la crisis financiera de 2008, Fisher acuñó el término “realismo capitalista” para describir una creencia específica cada vez más común entre los políticos tanto en el Reino Unido como en América del Norte: no importa cuán mal estaban las cosas bajo el capitalismo, los crudos 300 años del viejo sistema político y económico se habían convertido en la única opción viable, y resulta casi imposible imaginar una alternativa realista al mercado global actual.

lunes, 17 de diciembre de 2018

el libre mercado ya condena a méxico


Andrés Manuel López Obrador es el presidente más a la izquierda de la historia del país. Millones de mexicanos lo votaron esperanzados, pero la prensa del libre mercado ya lamenta su populismo.


El 1 de diciembre, ante una agitada multitud de simpatizantes en el Zócalo, en el corazón de la Ciudad de México, el presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO) lanzó la “Cuarta Transformación” de México, un ambicioso proyecto de reforma política, social y ecológica que apunta “a purificar la vida pública”.
En la inauguración de este proyecto de transformación, un número récord de mujeres ingresaron en cargos políticos, los ritos indígenas se incorporaron a las ceremonias presidenciales por primera vez y AMLO entregó más de la mitad de su salario como presidente, además de vender el avión presidencial. “Vamos a bajar los salarios de los que están en la cúspide porque de esta manera podemos ahorrar para atender las demandas de la justicia”, dijo.
Pero si millones de mexicanos se llenaron de esperanza con la presidencia de AMLO, los comentaristas internacionales se llenaron en su gran mayoría de desesperación. Retratan en sus artículos un “retroceso a una era de caudillos, u hombres fuertes del populismo que la región aparentemente había dejado atrás”. Afirman que AMLO es “indiferente, aunque no desdeñoso, del proceso democrático”. Advierten que ya está “espantando a los inversores extranjeros”.

qué es una ciudad

El miércoles próximo se presenta el libro sobre Rapto del cual escribí el prólogo:




“Nada de gacetillas, nada de agenda. Nuestros textos, nuestras fotos.” Con esa declaración de principios se presentaba Rapto en 2016. La firmaban el periodista Lucas Canalda y el fotógrafo Renzo Leonard. Desde entonces Rapto operó en dos zonas de lo que, para abreviar y entre comillas, llamaremos “el espacio cultural”: la acumulación y la invitación –hay un multifacético término en inglés que acaso le quepa mejor que invitación: tease, como lo leemos por ejemplo en strip-tease o en teaser: el eco de una tentadora perturbación.
Rapto acumula desde 2016 extensas entrevistas y descripciones de distintas escenas que ganaron Rosario, desde la visita de Juana Molina o Adrián Dárgelos con Babasónicos hasta la intimidad de Checho Godoy en su casa y con sus hijos. Checho integra el dúo Matilda, la banda electropop más prolífica y persistente de Rosario. Músicos, sobre todo, pero también dibujantes, periodistas, fotógrafos y crónicas sobre recitales, la primera marcha feminista en la ciudad (los feminismos, la ola verde que se despliega en la guerra interior de una mujer que presta su voz en una entrevista, lo mismo que en la calle y la geografía de ese gran escenario cultural, atraviesan gran parte de estas páginas como llamaradas a veces, como chispazos otras). Los entrevistados, salvo los que vienen de Buenos Aires, están en sus casas, sus lugares de trabajo, en la calle o en un bar, o saltan de un lugar a otro según el cronista los rastrea en el tiempo y en su memoria.
Pies de Rock
Fotografía de Renzo Leonard en Flickr.

martes, 11 de diciembre de 2018

el mito de las buenas corporaciones


Fueron los sindicatos, en los Estados Unidos de los 50, los responsables del bienestar y los altos salarios de los trabajadores en la era de la posguerra.


Del mismo modo que la presidencia de Donald Trump ha contribuido a la consideración retrospectiva de George H.W. Bush, también la conducta de las corporaciones estadounidenses durante las últimas cuatro décadas –para decirlo más o menos claro: embolsar los ingresos de sus accionistas mientras se muestran rígidas al mismo tiempo que abandonaba por completo a sus trabajadores– lustraron de un resplandor positivo su desempeño en la era posterior a la Segunda Guerra Mundial.

Un comentarista bañado en ese resplandor, basado en la evidencia de su columna de los lunes en The New York Times, es David Leonhardt. Su artículo, con bastante razón, bate el parche por el proyecto de ley de Elizabeth Warren, que requiere que las corporaciones reserven el 40 por ciento de sus asientos en el consejo para los representantes seleccionados por sus trabajadores, una versión ligeramente diluida de la codeterminación alemana, pero un paso significativo hacia adelante, si es que se consigue, en la batalla para hacer que las corporaciones sean responsables no solo ante sus accionistas más grandes (entre los que se encuentran sus principales ejecutivos, que generalmente son compensados en acciones).
Leonhardt señala correctamente que fue solo a fines de la década de 1970 que las corporaciones estadounidenses comenzaron a acumular sus ganancias para sus accionistas y gerentes. Por el contrario, durante los 30 años anteriores, los ingresos de los trabajadores aumentaron a la misma tasa que la productividad y las empresas proporcionaron seguros de salud y pensiones.
¿Por qué funcionó así? Según Leonhardt, eso se debía a que “la mayoría de los ejecutivos se comportaban como si se preocuparan por sus trabajadores y comunidades”. Cita un artículo famoso de Bill Benton de la agencia de publicidad Benton y Bowles que apareció en 1944, sugiriendo que las empresas estadounidenses tenían una misión superior que enriquecer a los ricos, y sugiere que esto se convirtió en un punto de vista ampliamente aceptado en salas de de directorio corporativas.
Lo que uno no encontrará en la columna de Leonhardt es alguna mención a los sindicatos, lo que hace que su análisis sea resulte similar a Hamlet, pero sin el príncipe. El hecho de que los sindicatos representaran a un tercio de la fuerza laboral estadounidense cuando Benton escribió su artículo, y una buena parte de más de un tercio en las grandes corporaciones, fue la principal razón por la que las corporaciones compensaron a sus trabajadores de manera más justa de lo que lo han hecho en las últimas décadas. El contrato que General Motors firmó con el Sindicato de Trabajadores Automotrices (UAW, United Auto Workers) en 1950, que estableció la plantilla para los contratos más equitativos de ese período, se debió al temor de GM de tener que soportar otro cierre de más de 100 días que la UAW había infligido sobre la empresa en su huelga de 1946. Y como Jack Metzger ha documentado en su maravilloso libro Striking Steel (un juego de palabras en el que “striking” puede leerse como resplandeciente –acero resplandeciente– pero tiene su eco en strike: huelga), los 50 fueron una década llena de huelgas importantes mientras los sindicatos luchaban con éxito para frustrar las propuestas de las corporaciones que hubieran reducido el salario y los beneficios que los trabajadores habían logrado. (El libro de Metzger toma su título de la huelga de trabajadores del acero de 1959 contra US Steel, cuando casi medio millón de trabajadores se quedaron sin trabajo por 116 días, lo que finalmente obligó a la compañía a mantener e incluso aumentar sus beneficios para los obreros).
Entonces, seamos claros acerca de lo que los franceses llaman les “trente glorieuses”, los 30 años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, cuando los ingresos de los trabajadores aumentaron y surgió una clase media masiva. No fue la edad de oro de las corporaciones benévolas. Fue la edad de oro de los sindicatos.

Traducido de Prospect.

jueves, 6 de diciembre de 2018

amnesia institucional



Recién llegado de Brasil a Nueva Orleans, donde es profesor de la Universidad de Tulane, el crítico cultural y teórico de la literatura Idelber Avelar se presta a esta entrevista en la que disecciona el proceso por el cual su país llevó al poder a Jair Bolsonaro.
En esta conversación Avelar desmenuza el trágico error de Lula cuando alentó la candidatura de Bolsonaro creyendo que su candidato, Fernando Haddad, lo derrotaría en un balotaje. También, traza una línea de continuidad entre la campaña de “fakenews” de las elecciones de este año y las que en 2014 llevaron a Dilma Rousseff a la presidencia demonizando a Marina Silva; sostiene que el proceso de memoria histórica y de juicios a los responsables de la última dictadura argentina hacen muy difícil que en el país emerja un Bolsonaro y concluye que la actual derrota de las izquierdas en la región comparte el mismo “horizonte epocal” que la de los 70: es la misma derrota.
En 1999, antes de que en Argentina se reabrieran las causas de lesa humanidad por los crímenes de la última dictadura cívico-militar, antes de que Luiz Inácio Lula da Silva ganara su primera presidencia, y cuando Hugo Chávez apenas asomaba en Venezuela, el brasileño Idelber Avelar publicó Alegorías de la derrota, un libro magistral que analizaba los procesos de representación de la memoria de la dictadura en la democracia y postulaba que las dictaduras que se propagaron en América latina desde los 60, eran la condición misma de las actuales democracias, que no cuestionaban el orden neoliberal impuesto a sangre y fuego y se asumían como débil remedo de los intentos de democratización radical que habían propuesto los gobiernos populares derrocados.
—Al tiempo que asumía Lula, Brasil quedaba reducido a los fotogramas del film Ciudad de Dios. El filósofo Vladimir Safatle dijo que Brasil vive una “guerra civil de baja intensidad”, con unos 60 y pico de miles de muertos al año por homicidio. ¿Cómo observás esa representación de Brasil en las ficciones?
Imagen tomada del sitio de la Tulane University.