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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

domingo, 27 de marzo de 2011

realismo mágico

A mí me gusta lo que escribe Daniel Link, me divierte, encuentro una sintonía en las cosas que le gustan y, además, me parece que su escritura tiene cierto "vilo", como un borde por el que me hace desfilar al leerlo —soy blade runner leyéndolo. Sin embargo, no siempre comulgo con sus ideas.
Había leído su post sobre Strigoi, así que me fui a buscarla
Lo que hallé al verla, contrariamente al éxtasis que me provocan algunos capítulos de Fringe sobre los que luego leo en Linkillo, es una especie de realismo mágico á la rumana —sí, la historia transcurre en Rumania y el strigoi (Link hace una espléndida genealogía del término) es un vampiro, pero mucho más ajustado al folklore regional.
Realismo: si para Bajtin el realismo es aquello que reclama el nombre propio (cito de memoria), a diferencia de las narraciones de la "alta cultura" anteriores a la novela, en la que el nombre era una alusión, una alegoría; en el realismo mágico ese nombre, como el apellido Buendía de la saga de García Márquez, vuelve a desplazarse hacia el concepto o la alegoría. Así, el protagonista de Strigoi se llama Vlad y lo que viene  a mostrarnos el film, que dirige Faye Jackson, es, además de esta reseña folclórica en torno al muerto vivo, al que volvió de la muerte y se alimenta de la sangre humana, es algo así como las lides identitarias de ese rincón rumano: sí, claro que hay momentos magníficos; por ejemplo, Vlad descubre que su abuelo le chupa la sangre mientras duerme: lo descubre en un sueño, porque aquí los sueños son como el lado lúcido del mundo. "Estás tomando mi sangre", le reclama el joven. "Te la estoy dando", le dice su abuelo. Pero son sólo momentos, el resto es una suerte de película tipo Kusturica, con las ventajas de una directora norteamericana que sabe no caer en el ridículo (aunque una película con actores rumanos, en Rumania, y un baile con música de Beirut no deja de ser "osado", para decirlo con simpatía).
Estos rumanos bravos que soportaron a comunistas, gitanos y vampiros se distienden escuchando la voz de Zach Condon en Beirut.

Otra curiosidad, Link declara en su entrada sobre Strigoi que detesta a Francis Coppola, a propósito de su versión de Drácula. En Bloodline, el episodio 18 de la tercera temporada de Fringe, que transcurre en el universo paralelo, uno de los agentes de Fringe Division, ante un taxista que llevó a la Olivia de este universo en su taxi, lo llama "Travis Brickle". Su compañero no entiende y el primero le dice: "¿No recordás la película? ¿El nombre de Coppola no te dice nada?", señalando ese parentezco fundamental entre Taxi Driver (que dirigió, al menos en este universo, Martin Scorsese) y la obra de Coppola. Tanto Brickle como el capitán Willard en Apocalypse Now, son los encargados de llevarnos de un mundo a otro.


Ortodoxia y poco lujo, como debe ser una película rumana.

El vampiro es una figura contemporánea porque en él hace carne el sexo virtual, patológico, cruel, posesivo. Strigoi dota al vampiro de una historia provinciana, quitándole su carga lujuriosa y haciéndolo más político.