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I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member. Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

lunes, 5 de marzo de 2012

awake, una realidad aparte



¿Qué es lo que empuja a las últimas ficciones a desplegar universos paralelos, realidades dobles y alternativas? Acaso, la virtualidad, el discurso político “único”, es decir, aquello que sintetiza la frase de Mark Fisher: “Es más fácil imaginar el fin del mundo que el fin del capitalismo”.
Awake, la serie cuyo piloto se conoció el jueves pasado (se emitirá, en su país de origen, los martes a las 22 por el canal NBC; o sea, accesible vía internet), es una vuelta de tuerca a este tema que de algún modo tocaron ya otras series y, de modo ejemplar, Fringe, en la que la desesperación de un padre por recuperar a su hijo muerto lo hace cruzar los universos, poniéndolos al borde de la disolución.
Pero Awake (“despertar”) es, antes que una pieza genérica, antes que ciencia ficción, una suerte de drama en la que el protagonista, Jason Isaacs (el Lucius Malfoy de la saga fílmica de Harry Potter), debe confrontar repetidamente si está o no despierto.
Como viene sucediendo desde hace unos años, el episodio piloto estuvo disponible desde el 12 de febrero en la red y la serie fue celebrada, entre críticos y cronistas de televisión, como una de las ocho nuevas tiras más excitantes de la pantalla. Es así: el detective Michael Britten (Isaacs) sufre un accidente en su camioneta, en la que viaja con su esposa Hannah (Laura Allen) y su hijo Rex (Dylan Minnette). Uno de los dos muere, y la dificultad de especificar aquí cuál es reside en que el detective Britten comienza a vivir en dos realidades: en una está viva Hannah, en la otra, Rex. Los dos puntos más sensibles de la serie son las sesiones de terapia, en el que la trama explora la psicología del personaje. Es decir, las dos sesiones de terapia o, mejor, la sesión que tiene en cada realidad. En una el psicólogo lo convence de que ese otro tratamiento en el que el médico es una mujer, es un sueño, una reconstrucción mental que aliviane la culpa por la pérdida de su hijo. En la otra realidad, la psiquiatra escucha los argumentos de su par del otro lado y, tras hacerle leer un párrafo de un texto que Britten no leyó jamás, le pregunta: ¿Cómo puede haber leído en un sueño un fragmento de la Constitución que no conoció jamás?
En fin. El otro momento intenso de la serie es cuando el detective comienza a notar que los casos que sigue a uno y otro lado están relacionados: el victimario tiene el mismo color de pelo, coinciden los números de una calle y un lote de estacionamiento, los nombres de unos galpones y una avenida, y así. Este asunto es el que empuja a nuestra idea de los dobles universos hacia los lugares más intrigantes: formula una suerte de rompecabezas cuyas piezas coinciden con una doble cara.
Obvio, el trabajo de Isaacs es intenso, sosegado, como si en su actuación pudiéramos ver también un atisbo de lo que vendrá, es decir, la tensión de ese gran rompecabezas que comienza a desplegarse en un tiempo ya “sin océano”, como dijera el poeta angloamericano, es decir, un tiempo suspendido, sin el oleaje de la historia.
El responsable de Awake es Kyle Killen, cuya serie anterior, Lone Star (“estrella solitaria”) fue levantada tras la emisión de su segundo episodio y luego de una batería infernal de publicidad, según el mismo Killen lo señala en su blog. Pero nuestro creador es sobre todo conocido por ser el guionista de otra fantasía psicológica con personajes desdoblados que tuvo como protagonistas a Mel Gibson y Jodie Foster, The Beaver (“el castor”, pero estrenada acá con el titulo fronterizo La doble vida de Walter).
Para hacer Awake, Killen se unió a su vez con Howard Gordon, guionista de la saga 24 y Homeland, cuyo estreno se anuncia en Argentina para este mes, aunque la primera temporada finalizó en su país de origen (Estados Unidos) en diciembre del año pasado. Es decir, Awake refuerza el cruce de género de las últimas series, las posteriores a Lost, en los que la aventura policíaca (investigación de un crimen, acercamiento al lado oscuro de la especia, esas cosas) se tocan con algo originario o abisal, algo culminante en cuyo trasfondo podríamos intuir la naturaleza misma del cosmos tal como lo conocemos o, peor, tal como no deberíamos conocerlo.