socio

"I don't want to belong to any club that will accept people like me as a member." Groucho Marx en Groucho and Me (1959).

sábado, 30 de mayo de 2020

la guerra racial en pantalla

El lunes pasado un hombre negro de 46 años fue detenido por la policía en Mineápolis (la más grande de las ciudades del estado de Minnesota que, junto con Saint Paul, la urbe que está a su lado y su conurbano, suman casi tres millones y medio de habitantes en el medio oeste estadounidense), que lo redujo por poseer –según informes oficiales– un billete de 20 dólares falso. El hombre se llamaba George Floyd: como muchos de los afrodescendientes que mueren por estos días de coronavirus en Nueva York, Floyd murió pidiendo “aire”, pidiendo respirar. Es que el policía Derek Chauvin, que actuó con el respaldo de otros tres compinches vestidos de azul, lo tenía sujeto y contra el piso con su rodilla en el cuello de Floyd, lo que terminó ahogándolo y asesinándolo. Lo que siguió es una confrontación descomunal que aún continúa y este viernes había cobrado dimensión nacional, luego de que se reportaran disturbios y enfrentamientos con la policía y la Guardia Nacional (una fuerza entrenada militarmente que solemos ver en las películas de catástrofes como el brazo armado y letal hacia el interior de Estados Unidos de su ejército imperial), y ataques de manifestantes contra empresa de Telecomunicaciones como la CNN o instituciones como las comisarías de varias ciudades, de Los Ángeles a Nueva York.

Los negros mueren en Estados Unidos por ser negros y pobres. Y porque existe una fuerza policial que trabaja para los “blancos” y lo sabe, como señaló el viernes un artículo en la revista The Nation.


Horas más tarde de que esa revista de la izquierda estadounidense publicara su artículo, la cadena NPR (la radio pública nacional con sede en Washington que es motivo de observación y está en severos problemas de ajuste cada vez que asume un gobierno republicano), anunciaba que los enfrentamientos con manifestantes se extendían por todo el país el viernes a la noche.

objetos de cuarentena

Temiendo que el aislamiento se extienda de la manera más o menos indefinida que sigue el curso de las cosas, decidí usar los anteojos que usé hasta hace un par de años –unos Gravity comprados hace al menos cuatro o cinco años en Óptica Andrade–, en lugar de los Optitech 493, ultralivianos, que son los últimos que me hice. Pensaba –o pienso– que así mis ojos se acostumbran a una graduación menor y podré demorar más la vuelta a una óptica.
Sin embargo, la patilla derecha de los Gravity me produce un ligero dolor detrás de la oreja, como si una gruesa espina no terminara de clavarse en la piel. A la vez, la montura me lastima el costado izquierdo del tabique. Lo lastima al modo en que apoyar un metal durante un buen rato puede erosionar y hacer doler una parte del cuerpo. Así, de alguna manera, esos pequeños dolores son simétricos y los prolongo con una consentida satisfacción. Espero el momento de quitármelos como si esperase un premio: despego la armazón de mi cara y paso la yema del dedo por la hendidura caliente, reconfortado. Siento que entiendo a los creyentes mortificados y recuerdo como un estúpido la frase de León Bloy que cita Graham Greene en The End of the Affair: «El corazón tiene lugares que no existen y para que puedan existir entra en ellos el dolor». Pero en mi corazón entra más miedo que dolor.



sábado, 23 de mayo de 2020

la vacuna


Desde Moderna, uno de los laboratorios estadounidenses que trabaja en base a ARN, estiman que para septiembre podría existir una cura para el covid-19, según esta nota del New Yorker.



A principios de abril, a medida que los casos de covid-19 y las muertes en la ciudad de Nueva York aumentaban a cifras horripilantes (a mediados de abril casi 11 mil neoyorkinos habían muerto por coronavirus), Tal Zaks, el director médico de Moderna, una compañía de biotecnología con sede en Cambridge, estaba preocupado por el tiempo. En solo tres meses, su compañía había creado una vacuna experimental contra el covid-19, y comenzó a inyectar la vacuna en humanos, bajo la guía del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (Niaid), en un ensayo clínico de Fase I que involucró a cuarenta y cinco hombres y mujeres sanos. Este tipo de velocidad en el desarrollo de vacunas no tenía precedentes, y provenía en gran medida de una tecnología biomédica revolucionaria –y, sin embargo, no probada a gran escala–, detrás de la vacuna de Moderna. Aun así, si hubiera alguna posibilidad de obtener la vacuna con licencia federal para luego fabricarla en cientos de millones de dosis, en doce a dieciocho meses –como lo dijo Anthony Fauci, el director del Niaid, que es la cronología más rápida posible–, Zaks sabía que la compañía tendría que poder demostrar el potencial de la vacuna, o una “expectativa de beneficio”, como él lo expresó, para este verano (julio-agosto de 2020).

Para lograr esto, Moderna tendría que demostrar tres cosas: primero, que la vacuna no causa efectos secundarios adversos significativos en las personas sanas que reciben la dosis; segundo, que la vacuna puede prevenir enfermedades en otros mamíferos, como ratones y monos; y, tercero, que la vacuna induce anticuerpos neutralizantes en la sangre de los participantes del ensayo, que se prueba agregando sangre inoculada a una placa de Petri y observar si se previene la infección del virus y mueran las células en un cultivo de tejidos. “En virología –me dijo Zaks–, generar anticuerpos neutralizantes es un buen sustituto de la capacidad que tiene el humano de protegerse de una enfermedad”. Una vez que se tienen estos resultados de la Fase I, “se convierte en una decisión judicial”, dijo. “¿Cuándo esa expectativa de beneficio se vuelve lo suficientemente fuerte como para justificar exponer a más y más personas a un riesgo desconocido?”

lunes, 18 de mayo de 2020

oh, brasil

La prensa internacional ve en Brasil el próximo gran foco de infección de coronavirus de toda América, luego de que Estados Unidos llegase la semana pasada a unas 1.700 muertes diarias por covid-19, con un total de casos fatales que ronda los 90 mil. El sábado último Brasil superó las 15 mil muertes totales, lo que lo ubica entre los cuatro países más afectados por la pandemia.

En tanto, el presidente Jair Bolsonaro recibe ataques de todos lados, su último ministro de Salud, designado hace menos de un mes, renunció. Su ministro de Justicia, el ex juez Sérgio Moro, quien dirigió una campaña personal e implacable para encarcelar a Luiz Inácio Lula da Silva, con tretas que incluyeron mentiras y aprietes de otros funcionarios judiciales –como lo mostró el diario The Intercept que dirige Glenn Greenwald–, también renunció y asoma como candidato a unas elecciones para las que falta tiempo, aunque nada es seguro en un país asolado por una pandemis, un presidente que juega al delirante y que aún conserva entre un 25 y un 30 por ciento de apoyo.

Pero sobre todo, Brasil es el principal socio comercial argentino y uno de los países fronterizos más importantes.

Para analizar esta situación particular sobre un país que tiene casi 200 millones de habitantes y llegó a estar entre los cinco más influyentes del mundo, nos comunicamos con Eduardo Crespo, doctor en Economía, profesor de la Universidad Federal de Río de Janeiro y de la Universidad de Moreno, en Buenos Aires.

viernes, 15 de mayo de 2020

la abanderada del odio

En 2017 Noam Chomsky publicó Requiem for the American Dream, un libro del que se hizo incluso un breve film de entrevistas, que llevaba por subtítulo: “Los 10 principios de la concentración del poder y la riqueza”. Allí, al señalar los dilemas que planteaba Aristóteles en su Política sobre la democracia (si la democracia de Atenas funciona bien los pobres no tardarán en reclamar a los ricos sus privilegios, para lo que sería aconsejable reducir la desigualdad), nuestro intelectual de izquierdas estadounidense de cabecera señala su teoría principal: la devoción demócrata de Estados Unidos siempre se debatió en la misma tensión, reducir la desigualdad o reducir la democracia. A partir de fines de los 60 y, sobre todo en los 70, al filo de la monumental derrota de Vietnam y con una juventud que pedía una ampliación de derechos para la ciudadanía movilizada en todo el territorio nacional, la opción de las élites fue clara: reducir la democracia en una escalada reaccionaria que tendría su cima en enero de 1981, cuando Ronald Reagan ingresó al fin a la Casa Blanca.

Antes, sin embargo, la política exterior estadounidense había endurecido su estrategia anticomunista en su patio trasero, América latina, produciendo una sucesión de golpes militares que contaron con el apoyo de buena parte de la dirigencia política vernácula y produjeron acaso el mayor quiebre sociopolítico, con situaciones de violencia y terror inéditos, en países como Argentina, que ya arrastraban dicotomías insalvables en su tradición histórica. Hay que señalar estas consecuencias porque nada de lo que sucede al interior de los Estados Unidos se queda allí adentro: la política exterior del imperio es siempre su política interior, como señaló un conocedor de la geopolítica.

Dicho lo anterior, queda abierto el camino para que el lector explore hasta qué punto la historia que desarrolla Mrs. America (una miniserie de nueve episodios protagonizada por Cate Blanchet y producida por el canal FX, distribuida por Hulu) se cruza con la historia reciente que vivimos en este rincón del sur del planeta.

lunes, 4 de mayo de 2020

dónde estamos según bill gates

El domingo, el correo de revista Crisis ofrecía entre sus lecturas de política internacional esta entrevista con estas palabras: "Bill Gates fue durante muchos años el hombre más rico del mundo y hoy detenta la segunda fortuna del planeta. Gracias a su intenso filantropismo, en 2015 alertó con precisión la inminencia de una mortífera pandemia. Desde entonces se convirtió en uno de los principales conocedores de la problemática y con su Fundación coordina estrategias millonarias para frenar al covid-19."
"Ezra Klein no es la primera vez que entrevista al dueño de IBM. El fundador y editor de VOX, uno de los medios mas innovadores y exitosos de los últimos años, formula preguntas relevantes y precisas sobre lo que viene durante y mas allá de la emergencia. Un anhelo temerario resume el propósito de Gates: borrar las pandemias de la faz de la tierra, para mantener al mundo tal cual es."

Ezra Klein | Vox (acá el original)*
En 2015, le hice a Bill Gates una pregunta simple: ¿a qué le tiene más miedo? Me respondió con las estadísticas de muertes en el siglo XX. Están los picos de la la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Pero en el medio hubo un pico tan grande como la Segunda Guerra: la pandemia de gripe española de 1918, que mató a unos 65 millones de personas. El mayor temor de Gates era una gripe como esa, que arrasara nuestro mundo hiperglobalizado.
Gates había financiado modelos que imaginaban precisamente ese escenario. En cuestión de días, estaría en todos los centros urbanos del mundo. En unos meses, decenas de millones podrían morir.
Bill Gates vio venir esto e intentó advertir al mundo. Hizo charlas TED y entrevistas con los medios. Publicó en revistas médicas. Hizo propuestas de políticas y gastó millones en investigación de vacunas. Y falló. El virus llegó y no estábamos listos. Ahora todos vivimos en las postrimerías de la pesadilla de Gates.
Gates reorientó su fundación y comprometió cientos de millones de dólares para la lucha mundial contra el coronavirus. Recientemente publicó un largo ensayo que detalla lo que sabemos y no sabemos sobre el virus y la enfermedad que causa, el covid-19, y lo que necesitamos inventar y desplegar para volver a la normalidad de manera segura.

sábado, 2 de mayo de 2020

la medicina como religión

Giorgio Agamben

Que la ciencia ha devenido la religión de nuestro tiempo, eso en lo que los hombres creen que creen, es desde hace tiempo evidente. En el Occidente moderno coexistieron hasta cierto punto tres grandes sistemas de creencias: el cristianismo, el capitalismo y la ciencia. En la historia de la modernidad, estas tres “religiones” necesariamente se han cruzado una y otra vez, entrando en conflicto de vez en cuando y reconciliándose luego de varias maneras, hasta alcanzar progresivamente una especie de coexistencia pacífica y articulada, y hasta una colaboración real en nombre del interés común.
Lo nuevo es que entre la ciencia y las otras dos religiones se ha reavivado sin que nos demos cuenta un conflicto subterráneo e implacable, cuyos resultados victoriosos para la ciencia están ahora ante nuestros ojos y determinan sin precedentes todos los aspectos de nuestra existencia. Este conflicto no concierne, como en el pasado, a la teoría y principios generales, sino, por así decir, a la práctica cultual. Incluso la ciencia, de hecho, como todas las religiones, conoce diferentes formas y niveles a través de los cuales organiza y ordena su propia estructura: a la elaboración de una dogmática sutil y rigurosa corresponde en la práctica una esfera cultual en extremo amplia y extendida que coincide con lo que llamamos tecnología.

No sorprende que el protagonista de esta nueva guerra religiosa sea esa parte de la ciencia donde la dogmática es menos rigurosa y más fuerte que el aspecto pragmático: la medicina, cuyo objeto inmediato es el cuerpo vivo de los seres humanos. Tratemos de establecer las características esenciales de esta fe victoriosa con la que tendremos que lidiar de modo creciente.
1) La primera característica es que la medicina, como el capitalismo, no necesita dogmáticas especiales, sino que simplemente toma prestados sus conceptos básicos de la biología. Sin embargo, a diferencia de la biología, articula estos conceptos en un sentido gnóstico-maniqueo, es decir, según una oposición dualista exasperada. Existe un dios o un principio maligno, la enfermedad, precisamente, cuyos agentes específicos son bacterias y virus, y un dios o un principio beneficioso, que no es la salud, sino la curación, cuyos agentes cultuales son los médicos y la terapia. Como en cualquier fe gnóstica, los dos principios están claramente separados, pero en la práctica pueden contaminarse y el principio beneficioso y el médico que lo representa pueden cometer errores y colaborar sin darse cuenta con su enemigo, sin que esto invalide de ninguna manera la realidad del dualismo y la necesidad del culto a través del cual el principio beneficioso pelea su batalla. Y es significativo que los teólogos que deben fijar su estrategia sean los representantes de una ciencia, la virología, que no tiene su propio lugar, sino que se encuentra en la frontera entre la biología y la medicina.

miércoles, 29 de abril de 2020

lo que aún no se sabe del coronavirus


Pensamos en el covid-19 como una enfermedad del tracto respiratorio. Cuando las generaciones futuras recuerden esta pandemia, su símbolo icónico probablemente será el ventilador. Pero, aunque los problemas respiratorios son el núcleo de la enfermedad, covid-19 se ha revelado como algo más que una simple neumonía viral. Los médicos de todo el mundo, incluso en el departamento de emergencias donde trabajamos, en el Hospital Mount Sinai, en Manhattan, han aprendido por las malas que el coronavirus no limita sus estragos a los pulmones. Covid-19 puede provocar fallos de los riñones, llevar el sistema inmunológico del cuerpo a una sobrecarga catastrófica y causar coágulos de sangre que impiden la circulación en los pulmones, el corazón o el cerebro. Es una enfermedad de notable complejidad, que incluso los médicos más experimentados luchan por comprender.

domingo, 26 de abril de 2020

insulina & cigarrillos

De mi abuela Antonia, mi abuela rusa –que en realidad era ucraniana–, recuerdo sus pañuelos de seda cubriéndole la cabeza; el paso decidido cuando entraba a la casa de Paysandú por el portón de rejas del costado y abría la puerta de la cocina: si estaba mi padre le hablaba en ruso, parada contra la mesada. Recién cuando terminaba ese protocolo en jerigonza que duraba unos segundos, torcía el rostro para mirarnos y sonreía, como si otro ser descendiera sobre ella.
Pero lo que más recuerdo es la cajita de acero quirúrgico que guardaba mi tía Sofía, donde estaba la jeringa con la que le inyectaba insulina. Antonia murió a fines de los 70, de modo que esos recuerdos pertenecen a una era previa a las jeringas y agujas descartables. Entonces, una jeringa era menos un dispositivo para inyectarse insulina que un objeto precioso: un cilindro de vidrio transparente con su escala de mililitros y su émbolo de vidrio esmerilado, coronado por el apoyo del émbolo de un color azul tornasolado, lo mismo que el anillo de retención del cilindro contenedor. El pivote, en la otra punta, también de vidrio esmerilado, recibía el pabellón preciso de la aguja metálica, que sobresalía como un mástil y largaba en el biselado unas gotas claras y plateadas. En esa jeringa y esa aguja corría algo más que insulina: había algo así como un resplandor industrial y titánico que se proyectaba sobre el cuerpo ya viejo y frágil de mi abuela como diciéndole “Acá llega la maquinaria médica a salvarte el pellejo, y lo hará clavándote su bandera de acero en tus venas desvencijadas”.

mis tres epidemias

Acaso porque la primera vez que viví una cuarentena tenía 9 años, las epidemias me traen algo de la infancia o, al menos, evocan algo del modo en que los niños ven ese mundo en suspenso. 
En noviembre de 1972 comenzaron a multiplicarse los casos de meningitis en Paysandú, Uruguay, donde nací. Los principales afectados eran los niños –los enfermos rozaron los 300 casos, que colmaron las salas de pediatría y maternidad del hospital; el único muerto fue un bebé de 1 año en diciembre de ese año, cuando estaban ya relajándose los controles. 
Vidrios rotos
Estábamos en clase, una media mañana de noviembre, en el entonces edificio anexo de la Escuela 8 (en Treinta y tres Orientales entre Uruguay y Charrúas), cuando nos dijeron que podíamos irnos, que no habría más clases, posiblemente, en lo que quedaba del mes.
No recuerdo si lo habíamos convenido o no, pero me fui a la casa de mi amigo Néstor, en una planta alta sobre calle Leandro Gómez. Estábamos felices de no tener más clases. Nos encontramos con que el restaurante Artemio, que había funcionado en un local debajo de su casa, se había mudado y podía entrarse por la puerta de entrada. Nos metimos, revisamos cada rincón e hicimos un destrozo de vidrios del que tardamos en darnos cuenta. En un momento, uno de los dos se detuvo a presenciar el desastre y salimos corriendo.

tóxico

Vista esta madrugada: Tóxico, en Cine.ar.
El guión está hecho como en sketches. Se aprecia el grado de "previsión": imaginan una pandemia antes de la pandemia (con los barbijos y el temor al contagio), pero por fuera de esa idea –con la decisión narrativa acaso inmejorable de dar por sentado que el espectador sabe lo que pasa–, todo lo demás acontece en situaciones que deben más a la televisión que al cine.
Lo autoral parece reducido a la elección de una banda sonora y unos actores que a esta altura son apenas una evocación.

La pandemia del film tiene que ver con el insomnio. Maravillosa idea, como otras del film, aunque son sólo ideas.
Me pregunto de dónde viene esa convención de que los chistes no sen cuentan y, como espectadores, debemos aceptar que si los actores se ríen es porque hay un chiste de por medio, aunque nunca nadie lo formule: ¿no hay dialoguistas, una excesiva confianza en las dotes actorales? Cómo saberlo.
La vi de principio a fin. Es poco, acaso algo.

viernes, 24 de abril de 2020

pandemia y ciudad

De creer a los principales epidemiólogos, la pandemia del nuevo coronavirus va durar y, muy probablemente, cambiará los hábitos sociales que tanto extrañamos en estos días de aislamiento.
Si bien las particularidades del covid-19 –la enfermedad causada por el coronavirus– está aún en estudio, se teme una segunda ola y, con ello, la prolongación de las medidas de distanciamiento social que vuelven al mundo anterior a la pandemia una fantasmagoría.
Sin embargo, la convivencia de la sociedad –y, en este caso, la sociedad argentina– con una epidemia, no es nueva. Durante décadas y, sobre todo a principios del siglo XX, cuando se celebró el Centenario de la revolución de Mayo, la presencia endémica de la tuberculosis marcó transformaciones urbanas en las principales ciudades de la Argentina de entonces –nuestro Parque Independencia y otros “pulmones” verdes rosarinos son un testimonio palpable de ello– e incluso convirtió a Córdoba en la provincia con más muertos por la enfermedad, estadística alcanzada luego de que el clima serrano se promoviera como turismo sanitario ante la falta de una cura que llegaría recién en la década de 1950, con el descubrimiento de los antibióticos.
A fines de los 90 el historiador Diego Armus publicó La ciudad impura (reeditado en 2011 pero sin versión electrónica hasta ahora), donde reconstruye y analiza la historia de la tuberculosis en Buenos Aires; una narrativa en la que se cruza la literatura, el tango, el dato histórico, la medicina y la arquitectura: la tuberculosis era omnipresente en los hábitos y costumbres porteños, al punto que llevó a transformaciones de la ciudad que configuraron la urbe –en su doble dimensión, topográfica y cultural o, mejor, “espiritual”– que hoy conocemos.
Antonio Berni, "Primeros pasos" (1936), en el Museo Nacional de Bellas Artes. Una imagen de la costurera que ve en los sueños de su hija los de su juventud.

viernes, 10 de abril de 2020

el mundo no va a cambiar, sino a acelerarse



Atravesamos lo que en todos los sentidos es una gran crisis. Es natural suponer que resultará un punto de inflexión en la historia moderna. En los meses transcurridos desde la aparición de covid-19, la enfermedad causada por el nuevo coronavirus, los analistas han discutido sobre el tipo de mundo que la pandemia dejará a su paso. Pero la mayoría arguye que el mundo al que estamos entrando será fundamentalmente diferente del que existía antes. Algunos predicen que la pandemia provocará un nuevo orden mundial liderado por China; otros creen que provocará la desaparición del liderazgo de China. Algunos dicen que terminará con la globalización; otros esperan que marque el comienzo de una nueva era de cooperación global. Y aún otros proyectan que recargará el nacionalismo, socavará el libre comercio y conducirá a un cambio de régimen en varios países, o que sucederá lo que se mencionó arriba.

Pero es poco probable que el mundo que siga a la pandemia sea radicalmente diferente del que la precedió. Covid-19 no cambiará tanto la dirección básica de la historia mundial sino que la acelerará. La pandemia y la respuesta a la misma han revelado y reforzado las características fundamentales de la geopolítica en la actualidad. Como resultado, esta crisis promete ser menos un punto de inflexión que una estación de tránsito a lo largo del camino por el que el mundo ha estado viajando durante las últimas décadas.

Es demasiado pronto para predecir cuándo terminará la crisis. Ya sea en seis, 12 o 18 meses, el tiempo dependerá del grado en que las personas sigan las pautas de distanciamiento social y la higiene recomendada; la disponibilidad de pruebas rápidas, precisas y asequibles, medicamentos antivirales y una vacuna; y el alcance del alivio económico proporcionado a individuos y empresas.

Sin embargo, el mundo que surgirá de la crisis será reconocible. Declinación del liderazgo estadounidense, una indecisa cooperación global, división en el gran poder: todo esto caracterizó el entorno internacional antes de la aparición de covid-19, y la pandemia los ha liberado llevándolos a un grado de agudeza mayor que nunca. Es probable que esas sean las características más destacadas del mundo que sigue.

martes, 7 de abril de 2020

la revolución intergaláctica



Desde su esperanza en la convivencia entre humanos y delfines hasta sus aseveraciones de que los ovnis provenían de extraterrestres comunistas, las raras creencias de J. Posadas son hoy una leyenda en incontables memes. Pero una nueva biografía indaga en su optimismo revolucionario y sugiere por qué el trotskista argentino es objeto hoy día de una irónica veneración.
 J. Posadas, nacido Homero Cristalli.

David Broder | Jacobin

Posadas (1912–1981) es uno de los trotskistas más famosos —y ridiculizados—, conocido tanto por los cultos a los que dio nombre como por su afirmación de que los ovnis eran una evidencia de sociedades comunistas en otras galaxias. Junto con su creencia de que la guerra nuclear podría acelerar el advenimiento del comunismo (y sus esperanzas de que los delfines pudieran integrarse en la nueva sociedad), la xenofilia de Posadas ha alimentado su legendarización en innumerables páginas de memes, incluso impulsó a algunos a crear la Convención Posadista de los Socialistas Democráticos de América, en la que se distribuyen papeles como si se tratara de un juego de rol.
Para A.M. Gittlitz, autor de un nuevo libro sobre J. Posadas, esta irónica veneración del trotskista argentino también tiene algo que decir sobre nuestro momento político. En tiempos en los que es difícil creer en el futuro, el optimismo salvaje de Posadas aparece como una caricatura de una seriedad y un estricto sentido de fe que ahora casi se nos pierde. En su vastamente fundamentado I Want to Believe: Posadism, UFOs and Apocalypse Communism (Quiero creer –la frase de Fox Mulder en Los expedientes secretos X–: posadismo, ovnis, y comunismo apocalíptico), Gittlitz documenta el lado más serio del activismo de Posadas en el trotskismo latinoamericano de posguerra, al tiempo que sugiere que incluso sus afirmaciones más extrañas no estaban tan separadas de la ovnilogía de la época.
David Broder es el traductor de Los platillos voladores, el proceso de la materia y la energía, la ciencia, la lucha revolucionaria y de la clase trabajadora y el futuro socialista de la humanidad, de J. Posadas. Conversó con Gittlitz sobre el interés de Posadas en lo extraterrestre, la participación de sus camaradas en la Revolución Cubana y cómo se convirtió en una leyenda online.

sábado, 21 de marzo de 2020

el orden mundial revisitado

Con la crisis generada por la pandemia de coronavirus, China mueve los hilos del liderazgo global –según estos columnistas– mientras Estados Unidos vacila


Con cientos de millones de personas aisladas ahora en todo el mundo, la nueva pandemia de coronavirus se ha convertido en un evento realmente global. Y aunque sus implicancias geopolíticas deben considerarse secundarias con respecto a la salud y la seguridad, a largo plazo estas cuestiones pueden resultar de igual modo importantes, en especial cuando se trata de la posición global de los Estados Unidos. Al principio, los órdenes globales tienden a cambiar gradualmente y luego, todo de una vez. En 1956, una intervención fallida en Suez puso al descubierto la decadencia del poder británico y marcó el final del reinado del Reino Unido como potencia global. Hoy, los responsables políticos de los Estados Unidos deberían reconocer que si Estados Unidos no se yergue para para estar a la altura del momento, la pandemia de coronavirus podría marcar otro “momento Suez”.

Ahora está claro para todos, excepto para los partidarios más cegados, que Washington estropeó su respuesta inicial. Los errores cometidos por instituciones clave, desde la Casa Blanca y el Departamento de Seguridad Nacional hasta los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), han socavado la confianza en la capacidad y competencia del gobierno de los EEUU. Las declaraciones públicas del presidente Donald Trump, ya sea en los discursos de la Oficina Oval o en los tuits de la mañana, han servido para sembrar la confusión y difundir la incertidumbre. Los sectores público y privado han demostrado estar mal preparados para producir y distribuir las herramientas necesarias para hacer pruebas y dar respuesta. A nivel internacional, la pandemia amplificó los instintos de Trump de cortarse solo y expuso cuán poco preparado está Washington para liderar una respuesta global.


martes, 17 de marzo de 2020

aclaraciones


Nota del traductor (Adam Kotsko)*: Giorgio Agamben me pidió que tradujera este breve ensayo, que sirve como respuesta indirecta a la controversia en torno a su artículo sobre la respuesta al coronavirus en Italia (aquí está la pieza original en italiano y aquí una traducción al inglés). [Nota bene al final] 


El miedo es un mal consejero, pero hace que aparezcan muchas cosas que pretendíamos no ver. El problema no es dar opiniones sobre la gravedad de la enfermedad, sino preguntar sobre las consecuencias éticas y políticas de la epidemia. Lo primero que la ola de pánico que paralizó al país muestra es que nuestra sociedad ya no cree en otra cosa que la vida desnuda. Es obvio que los italianos están dispuestos a sacrificar prácticamente todo: las condiciones normales de vida, las relaciones sociales, el trabajo, incluso las amistades, los afectos y las convicciones religiosas y políticas, por el peligro de enfermarse. La vida desnuda –y el peligro de perderla– no es algo que une a las personas, sino algo que las ciega y las separa. Los otros seres humanos, como en la plaga descrita en la novela de Alessandro Manzoni, ahora sólo son vistos como posibles propagadores de la plaga a los que uno debe evitar a toda costa y de los que uno necesita mantenerse a una distancia de al menos un metro. Los muertos, nuestros muertos, no tienen derecho a un funeral y no está claro qué sucederá con los cuerpos de nuestros seres queridos. Nuestro vecino ha sido suprimido y es curioso que las iglesias guarden silencio sobre el tema. ¿En qué se convierten las relaciones humanas en un país que se habitúa a vivir de esta manera por quién sabe cuánto tiempo? ¿Y qué es una sociedad que no tiene otro valor que la supervivencia?

el mundo después de la pandemia


¿Qué consecuencias tendrá la pandemia sobre la política internacional? Diez reflexiones exploratorias de Andrés Malamud


A través de un hilo de Twitter, el politólogo argentino Andrés Malamud (@andresmalamud: recibido en la UBA y doctorado en el Instituto Universitario Europeo, es investigador en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa) adelantó algunas reflexiones sobre las consecuencias de la pandemia de covid-19 en la política internacional, que sostuvo a través de artículos publicados en medios extranjeros por reconocidos especialistas.

Estado

La primera de las conclusiones es que el paso de la pandemia “fortalecerá al estado-nación en detrimento de las organizaciones no gubernamentales (ONG), las corporaciones multinacionales, el terrorismo transnacional y los mercados globales”.

Lo ejemplifica con una cita a un artículo de Stephen M. Walt en ForeignPolicy: “La emergencia actual nos recuerda que los estados son aún los principales actores en la política global. Cada tanto, los expertos y los académicos deslizan que los estados son cada vez menos relevantes en los asuntos mundiales y que otros actores o fuerzas sociales (por ejemplo: organizaciones no gubernamentales, corporaciones multinacionales, el terrorismo internacional, los mercados globales, y así) están socavando la soberanía y empujando al estado hacia el basurero de la historia. Sin embargo, cuando asoman nuevos peligros, los humanos buscamos primero y sobre todo al gobierno nacional para protegernos”.

lunes, 16 de marzo de 2020

¿qué puede enseñarnos el covid-19?



Muchos ven el mundo como un número inabarcable de batallas por un premio, cada uno con su ganador y su perdedor. Para ellos, la vida es una serie interminable de estos juegos de suma cero. Por desgracia, una de estas personas es el presidente de los Estados Unidos.

Un ejemplo de algo que no es un juego de suma cero es una pandemia global. La enfermedad de otra persona no es para mí una ganancia sino una amenaza. Ninguna nación gana de la mortalidad en otra nación. Para pelear contra el contagio, el arma principal es la cooperación, en todos los niveles, desde el interpersonal hasta el internacional. A nivel internacional, compartir recursos e información es esencial, porque cualquier vulnerabilidad de cualquier nación amenaza a las personas de todas las demás naciones.

Las naciones que peleaban entre sí en la Primera Guerra Mundial pensaron lo contrario. Así que cada uno, incluido Estados Unidos, trató la creciente epidemia de 1918 como un secreto militar. La existencia del virus asesino se hizo pública solo porque España, que no era una de las naciones en guerra, se negó a censurar las noticias sobre la enfermedad. Las estimaciones de muerte por la pandemia de 1918 varían de unos 17 millones a unos 100 millones. La guerra mató directamente a 53.000 estadounidenses. El virus mató entre 500.000 y 675.000 estadounidenses. Una mirada más profunda revelaría que los estragos de la guerra, junto con la cultura pervertida de la guerra, fueron los mayores facilitadores de la pandemia, si no sus causas.

martes, 3 de marzo de 2020

la coronacrisis según roubini

El economista Nouriel Roubini predijo la crisis financiera de 2008. Ahora cree que los mercados bursátiles caerán en un 30 a 40 por ciento debido al coronavirus. Y que Trump perderá su reelección.


Nouriel Roubini es uno de los economistas más destacados y enigmáticos del mundo. Predijo con precisión el estallido de la burbuja inmobiliaria de los EEUU, además de la crisis financiera de 2008, junto con las ramificaciones de las medidas de austeridad para la Grecia endeudada. Roubini, que es famoso por sus osados pronósticos, ahora tiene otro: cree que el coronavirus conducirá a un desastre económico global y que, como resultado, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, no será reelegido.
—¿Qué tan grave es el brote de coronavirus para China y para la economía global?
—Esta crisis es mucho más severa para China y el resto del mundo de lo que los inversores esperaban por cuatro razones. Primera: no es una epidemia limitada a China, sino una pandemia mundial. Segunda: está lejos de haber terminado. Esto tiene consecuencias masivas, pero los políticos no se dan cuenta.
—¿Qué quiere decir con eso?
—Mire solo su continente. Europa teme cerrar sus fronteras, lo cual es un gran error. En 2016, en respuesta a la crisis de refugiados, Schengen fue efectivamente suspendido, pero esto es aún peor. Las fronteras italianas deberían cerrarse lo antes posible. La situación es mucho peor que un millón de refugiados que vienen a Europa.
Roubini: foto de AP publicada en Der Spiegel.

martes, 25 de febrero de 2020

el gótico latinoamericano



Sobre: Latin American Gothic in Literature and Culture. Routledge, 2017. 269 pp. Sandra Casanova-Vizcaíno e Inés Ordiz, editores

Este oportuno volumen es testimonio de la innegable ascendencia del gótico como objeto de investigación en los estudios latinoamericanos. Esta ascendencia es en sí misma un eco del creciente prestigio y dominio del gótico en América Latina y la más extensa arena cultural global. Consideremos un ejemplo revelador: dos de las escritoras latinoamericanas más visibles —y talentosas— de la actualidad, las argentinas Samanta Schweblin y Mariana Enríquez, saltaron a la fama mundial por la potencia de dos libros góticos, la nouvelle Distancia de rescate (traducida al inglés como Fever Dream) –preseleccionada para el premio Man Booker–, y la colección de cuentos Las cosas que perdimos en el fuego (traducido, hasta ahora, a más de veinte idiomas).

En América Latina, como aciertan a señalar los editores de este libro, la etiqueta gótico coexiste con otras: horror, terror, fantástico (más cercano al francés “fantastique” que al inglés “fantasy”). Esta pluralidad plantea en sí una pregunta interesante: alude al prestigio tradicionalmente dudoso del gótico, y de cómo se concibió la literatura –como institución en América Latina– hasta hace muy poco. Esta borradura formula una serie de tareas para los académicos:

1) explicar por qué el gótico no asumió hasta hace poco su nombre como tal y por qué lo hace ahora;

2) reconstruir un linaje del gótico en América Latina;

3) definir las preocupaciones, los temas y los rasgos formales del gótico; y

4) evaluar su especificidad, tanto a nivel regional (por ejemplo, ¿qué tiene en común el gótico en toda América Latina y qué lo diferencia de las instancias metropolitanas del gótico o el gótico global más desterritorializado?) y dentro de áreas particulares o naciones (por ejemplo, ¿en qué se diferencia el gótico argentino del, digamos, gótico mexicano o caribeño?). Estas no son tareas fáciles: el objeto de investigación está conceptualmente –y acaso de modo inherente– mal definido. ¿Es el gótico un género definido por temas específicos, temas y giros narrativos, es un modo, o es solo una constelación de tropos –como el pasado que regresa, la contaminación, la criatura intermedia, y así– que refleja múltiples prácticas discursivas, tanto ficticias como no ficticias?

domingo, 2 de febrero de 2020

el populismo democrático argentino


Los líderes del giro a la derecha firmaron con anticipación el epitafio del populismo latinoamericano. Luego llegó el 18 de octubre, cuando los estudiantes de secundaria saltaron el molinete del subte de Santiago de Chile en protesta por un aumento del 5 por ciento. La consiguiente represión brutal lanzó una de las mayores protestas sociales en la historia de Chile, que hizo añicos el gobierno neoliberal de Sebastián Piñera. Solo nueve días después, en Argentina, el conservador Mauricio Macri perdió su intento de reelección frente al candidato peronista Alberto Fernández. Macri había prometido que sus políticas de liberalización “terminarían con 70 años de peronismo”. De hecho, alentaron su notable regreso.



Estos eventos simultáneos tienen razones dinámicas independientes y nacionales, pero se reflejan mutuamente. Chile se evaporó como el ejemplo de una democracia sin conflicto que cautivó las mentes de liberales y conservadores. La ciudad en una colina que ofrece “profundas lecciones de moderación, cooperación e innovación“, como dijo el economista Jeffrey Sachs en 2010, demostró ser un enclave opresivo de militancia antisocial en una región energizada por la acción colectiva. “Chile importa”, como dijo Sachs, pero no de la forma en que pensaba.

Las elecciones en Argentina, por otro lado, no aplastaron tanto las esperanzas como confirmaron las lamentaciones de las maravillas anti-populistas sobre un país maldito por la política plebeya. La narración de un país arruinado por demasiado conflicto y demasiados almuerzos gratis siempre fue validada por una historia de subordinación y eficiencia. Los últimos cuatro años del gobierno conservador son lo que fueron: una experimentación con el individualismo y la cruel disciplina que dejó al país al borde del colapso.